Roberto Clemente: aún nos duele el alma

(Por Edgar Tijerino M.) Aquel amanecer del 1 de enero de 1973, fue siniestro… El cielo estaba opaco, el aire frío, el ambiente triste y la tragedia golpeándonos en las narices… Aún no terminábamos de emerger entre las ruinas de nuestra ciudad capital, violenta y dramáticamente estremecida, cuando el corazón se nos terminó de romper con la noticia de la muerte de Roberto Clemente. ¡Cómo nos dolió el alma!

¿Por qué Señor la fuerza de voluntad y el afán de colaboración de ese extraordinario ser humano revestido de un inmenso espíritu de sacrificio como lo era Roberto Clemente se fue a pique junto con ese aparato inapropiado?… El viento húmedo olía a Apocalipsis, y frente al hecho frustrante, cada uno de nosotros se sentía hueco, como hechos de vidrio delgado, apenas más sólidos que los fantasmas.

Después de 47 años, el impacto sigue erizándonos la piel y turbando nuestros sentidos: “Desde San Juan Puerto Rico, se informa que el avión que conducía rumbo a Nicaragua al astro Roberto Clemente y otras cuatro personas, se precipitó al mar. No hay sobrevivientes”… Oh Dios, no puede ser… ¿Cómo diablos puede ser justo que alguien con profundo sentido de solidaridad, capaz de sacrificar posiciones cómodas de fin de año para asegurar ayuda a un país en ruinas, puede ser capturado súbitamente por la muerte?

El extraordinario pelotero latino, fue víctima de una cruel y drástica burla del destino… Su existencia fue siempre fructífera aún en el momento de su muerte… Ser útil es todo cuanto le pidió a la vida, debe haber pensado, y no hay duda, que en el momento de lo definitivo, la espiga estaba cargada y el conteo a su favor.

DOS VECES AQUI

Lo de Clemente y Nicaragua fue “amor a segunda vista”… Roberto había estado entre nosotros en 1964 como parte del impresionante line-up de los Senadores de San Juan en aquella serie Interamericana que ganó brillantemente el Cinco Estrellas… Fue cuando desde las tribunas del jardín derecho le lanzaron un garrobo que lo asustó al extremo como lo relata Doña Vera: “El creía que se trataba de un animal prehistórico y no pudo evitar sentir un escalofrío”.

Ocho años después, precisamente cuando Clemente acababa de aterrizar en la pista de los 3 mil hits con un doble contra Jon Matlack, y su proyección hacia el Salón de la Fama se consideraba un hecho, el dirigente del béisbol amateur de Puerto Rico Oswaldo Gil, le ofreció dirigir al seleccionado de la Isla en el Mundial Nica. “Hay quienes murmuran detrás de mi que esa fue la decisión mortal para Roberto, pero no lo admito”, ha manifestado Gil en diferentes ocasiones.

Durante ese Torneo de 1972, conocí a Roberto y el conoció a nuestro pueblo. Se sintió cautivado por la hospitalidad del nica, su pasión por el béisbol y las bellezas de nuestro país. Le impresionó el respeto, la admiración y la idolatría que se le tenía. En el Hotel Intercontinental se convirtió en el epicentro de la atención del publico y del periodismo… Era emotivo y rebelde por naturaleza, defensor a muerte de los peloteros latinoamericanos y un atacante implacable del racismo. Tuve tres discusiones con Clemente en ese mundial, abordadas por David Maraniss, su mejor biógrafo, pero me ofreció la oportunidad de hacerle una entrevista antes de zarpar de regreso a Puerto Rico. Por casualidad, la última entrevista que concedió.

ESA SENSIBILIDAD

En una visita al Hospital El Retiro, acompañando a uno de sus peloteros que fue golpeado, Clemente conoció al niño de 12 años Julio Parrales que no tenía sus dos piernas. Roberto se comprometió a responder por un trabajo que le permitiera disponer de dos artificiales, pero nunca volvieron a verse y tampoco logró saber algo más del niño después del terremoto… El sismo y su secuela de destrucción, estremeció a Clemente… En una etapa del año en que todos se entregaban al placer de las distracciones y al disfrute de la familia, Clemente lo dejó todo para colocarse al frente de un Comité de ayuda a Nicaragua.

Me pregunto: ¿Cuántos de nosotros dejaríamos a la familia un 31 de diciembre para correr riesgo en un avión inseguro y sobrecargado buscando como ayudar al prójimo en desgracia de otro país?… ¿Qué nivel de sensibilidad humana se requiere para ello?… ¿Hubiera entendido alguien la grandeza espiritual de Clemente sin ese gesto y más dramáticamente aún, sin ese desenlace? En el aeropuerto de San Juan, José Pagán, aquel gran short stop, le dijo: “No vayas Roberto. Es peligroso”… Y Clemente respondió: “José si estás supuesto a morir, morirás”.

Manny Sanguillén, un gran amigo trató de convencer a Clemente que no hiciera el viaje en un vuelo que se estuvo postergando desde la mañana del 31 de diciembre hasta las 11 y 20 de la noche… Vera Clemente regresó a casa después de haberlo dejado en la terminal aérea, y fue una sobrina de Roberto la que le dio la noticia…”Oh no… No puede ser, el está en Nicaragua”, dijo Vera… Pero más tarde no quedaron dudas. El mar lo había cobijado para siempre.

A LA ORILLA DEL RIESGO

Clemente vivió rozando con la muerte. En 1954, después de terminar la temporada con el Santurce, un conductor ebrio lo impactó en brutal choque en las calles de San Juan y el accidente afectó tres discos de la espina dorsal que seguramente le impidieron hacer crecer más sus estadísticas. En 1968, en su hogar de Carolina, Clemente, se desprendió de unos barrotes en el balcón y rodó bruscamente por más de 50 pies rumbo a algo trágico, pero logró sobrevivir. En 1969 en San Diego, Clemente fue secuestrado después de comprar comida en un restaurante. Eran cuatro los asaltantes, dos norteamericanos y dos mejicanos. Uno le puso una pistola en la boca y otro sacó un puñal… “Soy Roberto Clemente jugador de los Piratas y tendrán problemas si algo ocurre”, les dijo… El anillo de Serie Mundial, salvó a Roberto de un desenlace impredecible en una zona turbulenta en manos de gente terriblemente agresiva.

La discriminación racial fue lo más repulsivo para Clemente en algunos sectores de Estados Unidos… “Una vez, relata doña Vera, nos quisieron sacar de un piso en una mueblería por el color de nuestra piel. Roberto tuvo que sacar un fajo de billetes para conseguir consideración. Sólo el culto al dólar desvaneció el racismo”… Clemente comenzó a abrirse paso en las menores cuando se sectorizaba en los restaurantes y se utilizaban autobuses para negros.

Después de tres mil hits, cuatro coronas de bateo, doce guantes de oro y catorce Juegos de Estrellas, ese pitcher implacable llamado muerte le cruzó un tercer strike al astro boricua Roberto Clemente. Fue una burla cruel del destino… El fin de una vida fructífera hasta en el último instante… El nacimiento de un recuerdo imperecedero síntesis de coraje, humildad, grandeza y amor al prójimo. Fue de esa injusticias que provocan que uno llore dormido.

EL MITO SE FORTALECE

Clemente existió. Fue un ser de carne y hueso. Sus hazañas lo elevaron a la categoría de superdotado, pero la muerte atrapó en forma tan imprevista como dolorosa, al mejor fildeador de todos los tiempos , devolviéndole su condición de “humilde” mortal, aunque engrandeciéndolo al máximo como humanista, como hombre magnánimo y como individuo de una sensibilidad incomparable.

Su muerte, dolorosa desde todos los puntos de vista, fortalece el mito. Ahora sí, definitivamente, Roberto Clemente pertenece a la leyenda. La caída sólo es majestuosa cuando se cae con virtud, y Clemente murió dejando tras si la religión del humanismo. El destino le dio 38 años para demostrar su grandeza, y no cayó sino vencedor.

Roberto era rebelde y emotivo. Era peleador y generoso. Era valiente y no provocador. Y desde esa edad en donde no todos se definen, ya denunciaba su “debilidad” para proteger a los menos fuertes. Por eso juntaba afectos sin ser caudillo. Sin pretender serlo. Sin saber serlo. Nunca pidió perdón porque su rebeldía natural no lo admitía. Pero contra ese orgullo aparecía su desconcertante bondad. Era como esos gigantes que sucumben fácilmente a la emoción que tienen el alma eternamente infantil.

FAMA Y GLORIA

¡Misterio de personalidad! Desconcertante misterio de la personalidad de Clemente, fabricada a golpes, curtida de pobreza, fundida en un crisol de obligaciones. Vivió simplemente, pero siempre hermanado con la hazaña. Siempre vecino a la heroicidad. Si el jugador se llenó de fama, el hombre se llenó de gloria. Por encima de sus virtudes en el campo de juego prevaleció su filantropía de Robín Hood que se había fortalecido enormemente.

La expresión habitual de su cara era una serenidad superficial y un indeciso sonreír. La fisonomía de Clemente era severa; pero al mismo tiempo agraciada e ingenua, sus modales finos, su lenguaje decente, su actitud tierna ante la grandeza y ante la desgracia. La piedad, la admiración y el respeto hacia los humildes se habían apoderado de él con una fuerza avasalladora.

Siempre tuvo fuerzas para combatir la debilidad y el infortunio y esto le hizo perder la vida, tratando de ayudar a un pueblo sacudido inmisericordemente por la tragedia. Clemente tuvo la capacidad de un superdotado, el corazón de un héroe y el alma de un hombre noble. Y con ese genio que combina la prudencia con el valor conquistó a quienes lo conocieron.

Así que el mito vive hoy con más fuerza que nunca. Clemente alimentó las ilusiones de todos los niños beisboleros del mundo. El ya está en la eternidad, la vida sigue, pero cuando nos emocionamos con la continuidad del hit, cuando veamos a un bateador tan preciso, cuando observemos a un corredor con un sentido exacto de la distancia y con un dominio adecuado de la cantidad de impulsión para robarle tiempo al tiempo, cuando nos hablen de fildeadores fantasmas, de guardabosques que tengan una escopeta por brazo, y sobre todo, cuando conozcamos a personas con el corazón inflamado por la bondad, nos acordaremos de él, y eso será por siempre.

Aquel 31 de diciembre de 1972, se escribió el último capítulo del hombre de 38 años llamado Roberto Clemente y se abrió espacio para la leyenda.